jueves, 24 de noviembre de 2011

Charla "Literatura Fántastica Juvenil"

El pasado 18 de noviembre participé en una actividad organizada por la Biblioteca de Santiago y enmarcada en las actividades de "Noviembre Fantástico". A continuación, algunas impresiones:
  • Qué grato fue conocer y conversar con Luis Saavedra. Desde hacía algún tiempo que quería conocerlo y aún más después de las constantes referencias y agradecimientos a su persona durante el lanzamiento de Octocéfalo.
  • Fue un lujo que Francisco Ortega, más allá de moderar, haya incitado la conversación.  Me recordó lecturas y "tardes de cine",  además de sacarme confesiones que ponen en riesgo mi situación laboral... (nah!)
  • Una grata experiencia conocer y compartir con Felipe Real. Notable cada uno de sus comentarios, aprendí mucho y me provocó una persistente nostalgia por los tiempos letrados en Campus Oriente.(Sí, vale, soy viejo, pero basta ya con lo de la "brecha generacional").
  • Mr. Flowers y su reiteradamente mencionada obra El mago del desierto (Capuccino's affair incluido) fueron referentes de lo que se está haciendo, del impulso que la literatura fantástica está tomando en el panorama editorial actual y de lo que vendrá en el futuro cercano.
Solo me resta agradecer la invitación y esperar que una instancia de diálogo como esta se vuelva a repetir.

domingo, 13 de noviembre de 2011

OCTOCÉFALO en El Mercurio, 12 de noviembre

Agradecimientos OCTOCÉFALO

Quiero agradecer a Ediciones SM, en especial a Sergio Tanhnuz, por su confianza y apoyo para la realización de este proyecto. A Bernardita, mi compañera editora, que se hizo cargo de mi cuento; a Don Alejandro Cisternas, por ponerle estilo a la corrección; a Jennifer Contreras, diseñadora del libro, y a Carmen Gloria Robles, por su visión en el arte.
En lo personal, también quiero agradecer a Javiera, por mantenerme creando y creyendo; a mis padres y familiares, a mis amigos (en especial a Rocío Serrano, Daniela Ehrenfeld y Andrés Prieto) por leer mis cuentos desde hace años y aguantarme las ínfulas de escritor; a todos los octocefalitas, pero con énfasis en José Luis, Alberto y Jorge por su crítica sincera y consejo para pulir mi escritura. A Gabriel Rodríguez, quien me tuvo que soportar acosándolo en varios lanzamientos desde Mortis, eterno retorno, de Miguel Ángel Ferrada, a quien agradezco su disposición y sus palabras.
Y en lo más personal, un abrazo a la distancia a mi hija Amparo, siempre presente en su relativa ausencia.
Finalmente, gracias a todos los eventuales lectores de Octocéfalo. Nos reencontramos en sus páginas.

Foto: Cristián Salazar

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Una breve participación en el nº8 de la revista Había una vez

Me pidieron que recomendara 5 novelas gráficas chilenas que estén disponibles en librerías no especializadas, para lectores adolescentes. Por lo tanto, fuera "Las playas de otro mundo", "Informe Tunguska" y otras tantas obras. Luego veo la revista y noto que Nelson Dániel la tuvo fácil.
Una aclaración: experto en novela gráfica no es lo mismo que "ñoño que lee cómics". No, señor.

martes, 8 de noviembre de 2011

Bienvenidos a Bajo Raíz (El lanzamiento de El mago del desierto)

Para el lanzamiento de El mago del desierto de JL Flores, algunos esperaban que cuando dijera "Bienvenidos a Bajo Raíz" sonara igual a decir "Bienvenidos a la Isla de la Fantasía". Lamentablemente (léase afortunadamente), no fue así, por distintas razones:
 
  1. No estaba vestido de blanco, a lo Mr. Roarke, ni tengo la facha semivampírica de Ricardo Montalbán, sino hartos kilos de más y menos carisma.
  2. En vez de estar junto a un enano que grita "El avión, el avión", tenía por compañia a los goliardos de, bueno, Gens Goliae: una mutación de borrachos de taberna, vikingos y osos, tocando música medieval acondicionada a la época tecno-punk, con bombo y gaita, tratando de adecuarse a las características de la audiencia.
  3. No estábamos en una isla. La plaza del encuentro en FILSA es un cuadrado en el centro de una encrucijada por donde transita mucha gente, muchos de los cuales se unieron al lanzamiento gracias a la actuación de Gens Goliae. Y no me refiero solo a la ejecución de instrumentos. Posiblemente el sonido no fue de lo mejor (sin eufemismos, no fue bueno), pero eran las condiciones técnicas que nos ofrecía FILSA. En una sala se pierde visibilidad, se pierde el sentido de carnaval que quisimos darle a la presentación en público de la obra de JL Flores. Y desde donde yo estaba, la expresión en la cara de los asistentes era priceless. (No tanto como la de JL Flores III, cuando su padre lo anunció como "el" mago del desierto, pero casi).
  4. Y sobre la fantasía, creo que sobre ese punto hay que dejar hablar a la obra misma y la relación que establece con cada lector. Si se quiere leer dentro de los siempre cuenstionables y difusos límites de un género (con el perdón del tovarisch Todorov y sus acólitos), bueno, nada que hacerle y disfrútelo así. Pero no es la única lectura de esta obra, sea considerada fantástica, iniciática, de aventuras u otros géneros. Por fortuna, la realidad de la gran mayoría de los lectores competentes es que se dejan atrapar por la historia y no exclusivamente por los códigos y convencionalismos. Caer en eso es leer haciendo cosplay, asumir disfraces como señas de identidad lectora.
Finalmente, solo agradecer a los presentadores y a toda la gente que asistió y soportó estoicamente la larga fila de las firmas. Claramente el lanzamiento fue un promisorio inicio del camino del maguito hacia la vida de sus lectores.

domingo, 30 de octubre de 2011

Se viene "Noviembre fantástico"

Y participo en una charla de Literatura fantástica juvenil con JL Flores, Felipe Real y Francisco Ortega, el viernes 18 de noviembre a las 18:30 hrs., en la Biblioteca de Santiago.

lunes, 17 de octubre de 2011

Gracias, NGI Chile



Hace un par de semanas asistí al 2º Encuentro Internacional de la NGI Chile, y desde entonces que agradezco la invitación. Quien pensó que se trataba de una reunión de ñoños profesionalizados y que el tema giraría exclusivamente entorno al cómic (sonido de chicharra), estaba revolcándose en el prejuicio y en el error. Fue un encuentro sobre trabajo editorial, sobre influencias, sobre jugárselas por ser un mejor profesional, por abrir espacios más que despotricar por la escasez de estos. Realmente aprendí mucho de la experiencia transmitida por los cuatro editores provenientes de Argentina (Javier Doeyo, de historietasargentinas.com), Perú (Benjamín Corzo, de Contracultura), Estados Unidos (Chris Ryall, IDW Publishing) y Francia (Franck Marguin, Glènat) y de las intervenciones de muchos del público. Las perspectivas sobre la venta por consignación, el consumo, la censura, la (no) asimilación de paradigmas foráneos en las obras, el compromiso en la cadena editorial, la valoración del lector, entre otros temas, fueron realmente interesantes, un aporte total. Y la producción, un lujo.
Una pena no haberme encontrado con más colegas editores en este encuentro.

lunes, 10 de octubre de 2011

El trazo y la letra (¿acaso las ilustraciones sueñan que son historias?)

Acabo de leer la charla entre JL Flores y Sergio Amira sobre El mago del desierto. En uno de sus escabrosos pasajes, entre múltiples referencias que oscilan entre El resplandor y Pride & Prejudice & Zombies, aparece un tema ampliamente discutido en el ámbito editorial: la ilustración en/con/para obras literarias. No es un tema fácil y lo que se diga siempre sonará más a opinión que a definición, aunque se cite a cuanto semiólogo se tenga a mano.
Idea central: la imagen como estímulo lector; idea que le circunda y la ataca: la lectura de la imagen. Considero una falacia eso de creer que solo la imagen va a cautivar al lector de una obra literaria, porque ni siquiera en otros géneros narrativos, como la novela gráfica (otro gran término sobre el cual hay que reflexionar), la imagen en sí misma es un factor determinante en el relato. Influye, claro que sí; define, hermosea y da esplendor, por supuesto. ¿Es preponderante? Permítame unos minutos de divagación.
(Duda orbital: ¿Stan Lee hubiese sido tan famoso sin Jack Kirby? ¿Y Jack "The King" sin Stan "The Man"? Hummm)
No conozco ninguna obra literaria que se haya hecho famosa por sus ilustraciones. Al contrario, son muchos los artistas que se alcanzado reconocimiento por ilustrar obras literarias clásicas. Sin mayores vueltas, tenemos al mismo Gustave Doré y sus interpretaciones de distintos libros, como la Biblia, El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, La Divina Comedia y El cuervo de E. A. Poe. No estoy seguro si Dave McKean es conocido fuera del mundo del cómic por algo más que sus colaboraciones con Neil Gaiman. A lo que voy: la notoriedad de la ilustración se debe al artista, no a la obra ni al escritor con el que colabora. En muchas ocasiones, el tener a un buen ilustrador impulsa la lectura, la contextualiza, pero no la determina.
La discusión ahora gira en torno al rol de la imaginación en la lectura y cuanto de la visualización del mundo representado es condicionado por la manera en que la ilustración acompaña al texto. En primer lugar, es importante definir que las ilustraciones son una interpretación de la obra que funciona de manera complementaria a la lectura, pero no son la única interpretación. A veces no si quiera corresponde a la visión exclusiva del artista, sino que está guiada por el autor o mediada por el editor.
Obviamente fuera del libro álbum o el libro ilustrado, son diversos los caminos que conducen a que una obra posee ilustraciones interiores:

  • El escritor concibió su trabajo desde lo visual, incluso teniendo a un artista en mente para ilustrar su obra. 
  • El público objetivo apreciaría mejor la obra con un apartado gráfico (en otras palabras, los dibujos son una carnada para que el inadvertido lector agarre el anzuelo de la historia).
  • La temática o el formato o ambos responden a una modalidad que está resultando exitosa en el contexto de consumo lector.
  • El editor evalúa que la obra es el proyecto perfecto para designárselo a determinado ilustrador que tenía hace tiempo en carpeta.
  • El ritmo del texto requiere de ciertas pausas en la lectura, donde la ilustración sirve de resumen del acontecer.
  • Escritor(a) e ilustrador(a) son uña y mugre, crecieron conociendo y alabando sus respectivos trabajos y sería un problema casi familiar publicar el uno sin el otro (o la una sin la otra).
Sea cual fuera la razón, finalmente se decide incorporar imágenes al texto, para complementar o sintetizar el acontecer de algunos pasajes de la obra. La ilustración es un texto en sí mismo que requiere una adecuada decodificación. La integración de la imagen dentro del acontecer requiere claramente un trabajo fluido entre escritor, ilustrador y editor. Es probado que una obra se retrasará en su publicación si el autor no está conforme con el estilo del artista; el editor perderá tiempo valiosísimo tratando de aunar perspectivas y limar asperezas. Si escritor e ilustrador se conocían de antes, perfecto; si el autor conocía el estilo del artista y lo propone para su obra, óptimo. Sin embargo, si el escritor nunca visualizó en el proceso creativo que su obra tendría un complemento ilustrado, creo que es mejor, en esos casos, no incluir ilustraciones en la obra.
Texto e imagen no deben competir en el flujo de la lectura, como tampoco lo debe hacer el ego del escritor y el ego del artista durante la edición de la obra. Pero también hay que considerar la perspectiva del lector, quien a veces prefiere imaginarse el mundo representado, por más fantástico que este sea, teniendo como materia prima la obra misma y sus propios referentes. Por algo Kafka nunca quiso que dibujaran al insecto de La metamorfosis: cada persona tiene su propio escarabajo en la cabeza, su propia coraza. Tal como se enseña a leer la obra, también es necesario enseñar a comprender las ilustraciones, más allá de la primera mirada. Los sueños y otros tipos de visiones también son historias.

sábado, 24 de septiembre de 2011

El oficio de editor


Muchnik: el oficio de editor

Avión de papel - España - David González - 19/09/2011

En su ensayo Oficio de Editor, Mario Muchnik elabora una socarrona lista de actitudes que ejecutan los escritores durante el proceso de edición de su libro. Manuscritos siempre inacabados, intentar colocar la novela de un amigo o no aceptar cambiar ni una coma del texto serían algunos de esos comportamientos. En su ensayo, Muchnik los titula bajo el epígrafe de Hay autores que son una paliza.

En ciertos círculos del mundillo literario, el rol del editor se equipara más a la figura de un mercader que a la de un artesano. Y es extraño, porque en otras disciplinas como la música o el cine, su homólogo, el productor, está más valorado.

"Disco producido por" o "una película del productor" de tal taquillazo suelen ser buenos reclamos para seducir al público durante la promoción. En cambio, ningún libro contará en la faja con el nombre del editor: eso no vende.

Quizás, por este motivo, Mario Muchnik no tiene pelos en la lengua. En su ensayo Oficio Editor (El Aleph Editores, 2011), reclama parte de protagonismo para el quehacer editorial. Los editores, sugiere, no sólo mejoran un texto, sino también deciden "el formato del libro, la cubierta, la tipografía, el precio", etc. 

Su ensayo autobiográfico es una retrospectiva de cómo aprendió el complicado trabajo de publicar libros. Lo curioso es cuando llegamos a la página 49. Allí encontramos una peculiar lista de comportamientos de escritores que cualquier editor sufre. A este epígrafe, Muchnik lo titula Hay autores que son una paliza.

Ni una coma 
Así, Muchnik ejemplifica que existen escritores que "no admiten que se les toque una coma de su texto", pese a que el editor cree que si no introduce modificaciones no se comprenderá lo que el autor ha escrito.

La cubierta 
Otro tanto sería el hecho del escritor que intenta "imponer su propia idea de cubierta" del libro.

La traducción 
O también la exigencia del autor extranjero que se entromete en una traducción, "sin saber una palabra de español", dice Muchnik en su libro.

Erratas 
El autor de Oficio de Editor también señala a algunos escritores que entregan manuscritos sin corregir, para que sea el editor quien haga dicha labor. "Y luego rompen el pacto de fidelidad y se van con quienes les ofrecen condiciones mejores", añade sobre este asunto. 

Escritores fecundos 
Además, este listado del Oficio del Editor enumera otra peculiaridad. Es la de aquellos autores que escriben dos o tres libros por año para que su editorial se las publique: "Ya mismo", entrecomilla irónicamente Muchnik. 

Manuscrito lleno de dudas 
Otro acto insoportable para un editor sería el hecho de que el escritor entregue su manuscrito "y se desentienda", para que sea la editorial quien se apañe con las posibles dudas que surjan en su lectura.

Obsesión
"Los que llaman una o más veces por día para ver qué tal va la producción de su obra", sería otro de los comportamientos obsesivos de los escritores, según detalla Muchnik en esta breve lista.

Amiguismo
Insoportable para el editor también es el amiguismo, tal y como se desprende de la siguiente reflexión de Muchnik. Así, el editor tiene que sufrir que el escritor proponga manuscritos de sus "amiguetes", dice. 

Última versión 
Quizás uno de las actitudes más repetidas sea también la que Muchnik refleja casi al final de su lista. Es aquella que ejecuta el escritor, casi en fase de impresión. Cuando envía la "última versión" del manuscrito: "una y otra vez", asevera Muchnik en su ensayo.

Editor rico
A estas nueve -llamémoslas así- impertinencias, se une otra hasta sumar la decena. Es la que nos devuelve la imagen del editor más cercana a un mercader que a un artesano. Mario Muchnik lo expresa así en su ensayo: "Por ejemplo, los [escritores] que van por el mundo convencidos de que el editor se enriquece a costa de ellos".

En este sentido, Muchnik recuerda al lector que el escritor se lleva un 10% del precio del libro, en concepto de derechos de autor. Mientras, reitera en su ensayo, el editor sólo obtiene el 20% de la facturación, cuantía con la que tiene que soportar "los costes de impresión, gastos generales, impuestos y margen con el que poder vivir", añade.

Aparte de esta lista de impertinencias, Oficio de Escritor es un libro muy recomendable para descubrir la trayectoria de este físico, fotógrafo y editor llamado Mario Muchnik, desde sus comienzos con Robert Laffont en París, o la publicación de Guerra y Paz en Del taller de Mario Muchnik. 

Aquí, encontramos cómo se realiza la labor de lectura de un manuscrito, cómo llega a los comités de lectura, cómo se calcula un presupuesto o cómo funcionan los agentes y los anticipos a los autores.

"La tarea de editar es tan diferente de la de escribir como la de leer. Al autor, que en su tarea suele perder la perspectiva, le conviene escuchar atentamente al editor. El autor tendrá la última palabra, mejor fundamentada después de haber discutido con el editor". Así es como comienzan los primeros párrafos de este ensayo.

Oficio de Editor, en definitiva, corre la cortina y nos deja ver, paso a paso, todos los intríngulis del mundo editorial. Una lectura del ayer de este editor, muy recomendable para aquellos que hoy quieran convertirse en aprendices de brujo de esa profesión. 





domingo, 11 de septiembre de 2011

Adelanto de Octocéfalo (o algo así)

Aquí va un mapa-laberinto-bestiario de los ocho cuentos de la antología. Se puede descubrir los vínculos entre algunos relatos. El orden de las cabezas si altera el resultado.