domingo, 13 de mayo de 2012

Hey, take a walk on the B-Side


Acabo de terminar de leer vivir la experiencia de Lado-B.
Primera advertencia: escribo esto después de la alucinación, mientras experimento lo que pudo sentir Dorothy al regresar de la tierra de Oz.
No crucé a ninguna parte, aunque quizás sí lo hice; del leve movimiento de aire al girar la página 15 surgió un tornado que me llevó a otro lugar. Solo puedo decir que fue un buen viaje, que partió con la llegada de lo que creí se trataba de un libro, luego un diario de vida, después una novela gráfica hasta que, al final, descubrí atónito que ya me había olvidado de formalidades, formas y formatos; que ya no me importaban las categorías de textos, textoides y tipologías textuales. Esta obra recoge y se alimenta de tantas fuentes, de una manera tan coherente que no resulta extraño saltar de la dedicatoria al relato experiencial, de la crónica a la rima infantil en código cartoon y luego al relato desgarrador y a la epístola. Saltos de historia en historia, pero también saltos de realidad en realidad. Y lo sobrecogedor, lo que termina por perturbar y, al mismo tiempo, enganchar al lector es que todo tiene un punto de encuentro. Puentes, portales y ventanas. Llaves y cartas. Anillos.

Segunda advertencia: visité un par de veces la página del web cómic, pero no enganché, básicamente porque soy de la escuela McLuhaniana. Lado B, El diario de Miguel Estévez terminó por confirmarlo.
Sí, McLuhan, el que dijo eso de "el medio es el mensaje". Porque es distinta la lectura cuando en tus manos tienes la carta de la que se habla en la historia, cuando sabes que más de una barrera se ha cruzado y que ya estás atrapado en el diario-novela(gráfica)-y-algo-más porque es tangible, no está detrás de una pantalla sino que está en la realidad del lector, cercano, íntimo y cómplice.
Entonces dudas de las intersecciones y empiezas a sospechar de los rincones pocos visitados. Asomarse es arriesgase a un paseo por el lado-B.

Tercera advertencia: tengo más que decir de esta obra y podría hacerlo si ordenara las ideas que tengo al respecto. Sin embargo, resulta tan gratificante no hacerlo, disfrutar de la experiencia leída vivida y prolongar sus resabios en la perspectiva del "desprevenido lector". Más que libro-objeto o novela+gráfica, Lado-B es una muestra de innovación y, por qué no decirlo, de la genialidad de Alfredo Rodríguez y su equipo en la presentación de una historia por muchos conocida, pero presentada desde una perspectiva más que interesante.

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